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EDICIÓN ESPAÑA

La crónica del fin de semana

Mallorca, a la espera de un verano saturado de turistas

Los responsables políticos huyen de legislar el alquiler turístico vacacional y tampoco son capaces de restringir el uso de coches de alquiler o, al menos, de informar de cómo evitar atascos
Palma de Mallorca repite anualmente los colapsos debido a la falta de parkings disuasorios, a la carencia de información y a la incompetencia pública

Los datos que anuncian que este verano Mallorca va a estallar por la presión demográfica son abrumadores: en la isla se da el mayor aumento de viajeros jamás visto en la historia reciente, con unanimidad en el pronóstico. La razón no es que en cada una de las 300 mil camas hoteleras tradicionales vaya a dormir más de un turista, como había venido ocurriendo hasta ahora, sino se ha producido una virulenta irrupción de plazas de alquiler vacacional. El Gobierno central, asustado ante el lío que se le venía encima, decidió que el alquiler vacacional era un asunto autonómico. Después, en algunas autonomías, como es el caso de Baleares, temerosos de perder votos, han preferido que sean los ayuntamientos los que lidien con el problema. Ahora sólo falta que los ayuntamientos pasen la ‘patata caliente’ a las comunidades de vecinos o, lo que es lo mismo, que nadie aborde el problema. Mientras tanto, la oferta de este tipo de plazas ha crecido desde el año 2000, según las estadísticas oficiales que todo el mundo piensa que infravaloran este fenómeno, en un 127 por ciento. O sea que nos enfrentamos a un verano caótico. El impacto será espectacular, amenazando con saturarlo todo.

 

turistas-es-trenc (1)A estos anuncios, Baleares contrapone la impotencia de quien no para de hacer declaraciones a la prensa pero que no ha adoptado ni una decisión sobre qué hacer con esta invasión de viajeros. Simplemente ni el gobierno ni los ayuntamientos saben por dónde empezar. Son gestores con buena voluntad y nada más. Pero absolutamente nada más.

 

Los problemas y la impotencia ante el verano que se avecina en Mallorca van mucho más allá.

 

  • Primero: admitido que nadie tiene ni idea sobre cómo controlar el alquiler vacacional, tampoco nadie sabe cómo limitar el uso de coches de alquiler en Mallorca, en ciertos momentos. Hay experiencias en todo el mundo de cómo aplicar restricciones en situaciones de esta naturaleza, pero aquí no tenemos ni idea de qué hacer.

 

  • Segundo, no somos capaces de hacer lo que es uso común en cualquier ciudad civilizada: el park and ride, que consiste en tener que dejar el coche en la periferia para continuar la visita a la ciudad en transporte público. En Mallorca esto es imposible. Ni tenemos aparcamientos disuasorios, ni tenemos servicios de bus coordinados, ni sabemos cómo hacerlo.

 

  • Tercero, no somos capaces ni siquiera de hacer un folleto informativo para entregar a los turistas al llegar al aeropuerto para indicarles cómo acceder a Palma, la capital, sin crear un colapso absoluto. No somos capaces de recomendarles dónde aparcar, qué días venir a la capital, etcétera.

 

  • Cuarto, a diferencia de cualquier ciudad medianamente civilizada, incluso de la Península, no somos capaces de indicar qué número de plazas de aparcamiento hay disponibles en qué lugares, para disuadir al viajero de acceder al centro. Por eso, apenas se nubla, se organizan interminables atascos en la fachada marítima de Palma, sin que nadie sea capaz de proponer una solución. Llevamos décadas con ese problema y nos esperan muchos años hasta que alguno de los responsables tenga un momento de lucidez.

 

Como ven, la gestión del turismo y de los flujos de público –la movilidad– están al nivel de Kinshasa, si es que no se ofenden en el Congo. Eso sí, hace años que cambiamos el nombre de los cargos que se encargan de los atascos para que en lugar de llamarlos responsables de Transportes, como había sido siempre, se pasaran a llamar de “movilidad”, de “convivencia con el vehículo” o cualquier payasada similar. Impotentes para regular el alquiler de apartamentos turísticos, incapaces para evitar esta eclosión turística, incapaces para gestionar el flujo de viajeros. El resultado de todo esto será que viviremos un verano insoportable para los residentes, simplemente por ausencia de gestión.

 

Como ven, en eso de la gestión no hay diferencia alguna entre la derecha y la izquierda. Y así vamos a sufrir otro verano, no peor que otros años. Eso sí, ya lo verán, muchos callarán porque ahora no toca decir nada del desastre en el que estamos sumidos. Además, de todo esto no se puede culpar a los hoteleros, que es la bestia negra que está siempre a mano para recibir las culpas de la incompetencia pública general. Porque esta vez no hay más oferta hotelera sino que el aluvión lo ha propiciado el alojamiento residencial que se comercializa en la red.


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La densidad de población de turistas no es la misma en un solar de 1000 m2 con una vivienda vacacional que hospeda a 8 personas que en los mismos 1000 m2 un hotel hospeda a más de 500 turistas.

Por lo tanto se avecina el Caos.

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