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EDICIÓN ESPAÑA

TRIBUNA

Que las escuelas enseñen un caso único en el mundo: la cadena Excellence

La sociedad mallorquina en general y la turística en particular, muy individualista y solo unida en contadas ocasiones –cuando el agua les llega al cuello en forma de imposiciones y medidas políticas adversas– debería tomar ejemplo de la gran alianza compuesta por los propietarios de tres cadenas hoteleras que operan con una sola marca en el Caribe, Excellence.

 

En las escuelas de turismo de España, en las de cualquier grado y categoría, y en todas las empresariales de alto copete de Madrid y Barcelona –estas, un poco dadas al narcisismo– sería apropiado que el caso de Excellence fuera estudiado en profundidad por alumnos jóvenes y no tan noveles y expuesto como referencia del significado de la fortaleza de la unión empresarial.

 

En los mercados emisores, Excellence goza de un gran cartel en República Dominicana, en la Riviera Maya y en el Caribe hispano en general, donde está presente con hoteles de nivel superior, compitiendo en precio y calidad, a la chita callando, con los productos de más alto nivel de las marcas españolas más señeras, en determinados casos por encima de algunas de relumbrón.

 

La enseña Excellence no opera en España, sino los establecimientos hoteleros propios de cada uno de sus socios, y lo hacen de forma separada, cada uno por su lado: los Pascual y Plomer con Viva Hotels; la familia Montaner con Prinsotel; y los hoteles de los Santandreu que son explotados en régimen de alquiler en Mallorca e Ibiza por compañías ajenas a la familia.

 

Cuando Excellence vino al mundo, hará unos tres lustros, sus propietarios decidieron ponerse en manos de una cadena hotelera norteamericana, por aquel entonces un tanto incipiente en el Caribe, pero mucho más experta que ellos, AMResorts, y que, además, operaba con el respaldo del primer grupo turístico de los Estados Unidos, Apple Vacations, de la familia Mullen.

 

Hay que tener en cuenta que los dueños de esta hotelera de capital mallorquín, todos ellos de perfil bajo, incluido el socio de extracción noble, los Montaner, acababan de iniciarse en el mundo del negocio hotelero: los de Viva procedían de la construcción y la promoción inmobiliaria; los Montaner de las agencias de viajes y los Santandreu del comercio (perfumerías).

 

Superado el aprendizaje y después de un periodo nada fácil, inherente a los negocios primerizos que se montan al otro lado del Atlántico, los socios decidieron caminar por su cuenta en el Caribe, con staff propio, con un equipo sólido, siempre con el objetivo de ofrecer algo más que la media de sus competidores y sin dejar nunca de lado sus negocios en las Baleares.

 

Los herederos de los dueños de Excellence están imbricados a día de hoy en la labor diaria y en la expansión de la cadena, poniendo de manifiesto que ha calado en todos ellos los genes unitarios de sus progenitores, en lo que probablemente sea un caso único en el mundo y, como decíamos, ejemplo a seguir, pues otros los intentaron pero ninguno lo consiguió.


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