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EDICIÓN ESPAÑA

Quién ganó el Mundial

 

Un campeonato del mundo de fútbol es un evento de gran magnitud. No tanto porque exija muchos estadios, muchos autobuses y policías, mucha logística, sino porque cambia radicalmente las pautas de comportamiento del gran público: la gente tiende a dejar de comprar, a dejar de viajar en las vacaciones habituales y, por el contrario, se focaliza en lo que nunca antes había hecho. Una revolución que puede hundir un negocio o enriquecer a otros.

No es enteramente por esta razón, pero el Mundial tiene mucho que ver en el triste destino de Natalie Tours: la gente, no sólo en Rusia, cambia sus hábitos. Natalie dejó de vender viajes organizados y se quedó sin liquidez, lo cual revela otros problemas más de fondo pero, en cualquier caso, el fútbol disparó su crisis que, probablemente, sea definitiva.

En Rusia, sin embargo, hay ganadores. Dejemos de lado la industria de la cerveza, que no es un asunto propio del turismo y que batió récords de producción y consumo, y miremos al alojamiento y transporte: 700 mil extranjeros visitaron el país en estos días de Mundial, en once diferentes ciudades.

Nada despreciable fue el movimiento interno de rusos, que han ido de ciudad en ciudad. En Moscú, por ejemplo, tres millones de personas de otras regiones se hicieron presentes, según el departamento de Turismo de la ciudad.

Pero el gran ganador de todo este movimiento social es el hotelero. Si bien en ningún momento hubo un lleno –Booking no llegó a lanzar una alerta de carencia de plazas en ninguna ciudad–, los precios y los niveles de ocupación no tienen precedentes en el país. Sobre todo los precios, en algunos casos desorbitados.

De forma que Rusia no ganó el Mundial, pero sus hoteleros por supuesto que sí, porque ingresos como estos no se repetirán durante muchos años.
Existe, finalmente, la interpretación de este Mundial como una inversión de cara al futuro. Es de prever que parte de quienes visitaron el país se hayan quedado con las ganas de ampliar su visita en fechas posteriores, o al menos lo recomienden a amigos y conocidos.

Recordemos que los eventos de 1992 en Barcelona, por ejemplo, son los desencadenantes de que esa ciudad adquiriera un estatus líder en Europa, del que nunca había gozado en el pasado. Esto es, probablemente, el mayor beneficio que Rusia puede esperar para su país, auuque más no sea en Moscú y San Petersburgo.



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