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EDICIÓN ESPAÑA

Los perjuicios del alquiler de apartamentos

Gabriel Escarrer ha declarado que “más del 90 por ciento de la oferta de AirBnb es ilegal”. Y se queda corto. No en el porcentaje, que supongo que conocerá mejor que yo, sino en el efecto pernicioso que este tipo de oferta turística tiene en la sociedad en su conjunto.

 

Por añadir información que bien merece una reflexión: ¿de dónde salen esos alojamientos? Del mercado de alquiler ordinario, del que beneficia a los ciudadanos que no tienen vivienda en propiedad. Pues bien: detraer esa oferta supone inevitablemente un encarecimiento de esta oferta, que lógicamente tiene graves implicaciones sociales. Primer efecto, pues, encarecer los alquileres.

 

Aparte, esta oferta no tiene ni mucha ni poca regulación. Mientras nuestras autoridades han determinado hasta el coeficiente de zonas comunes por metro cuadrado de habitación, en la oferta vacacional cada uno hace lo que quiere, encima con la pretensión de que compiten en el mismo mercado que los hoteles. Segundo, introducir discriminación en la regulación.

 

En esta misma línea, hay problema de usos: ¿puedo poner un supermercado en un tercer piso? Pues un alojamiento turístico, sin llegar a ser tan aberrante, tiene su parecido, porque se da cobijo allí a personas respetabilísimas que están de vacaciones, que no están siguiendo unos patrones horarios al uso, que están de juerga, que pretenden disfrutar de sus días en ese lugar. En otras palabras, chocan frontalmente con los usos residenciales habituales, causando un conflicto innecesario.

 

Desde el punto de vista fiscal, como pasa con las profesiones liberales, lo máximo que la autoridad puede conseguir es el alta de estos establecimientos, pero jamás va a poder controlar su facturación y, consiguientemente, cobrar los impuestos en su totalidad. Pero tampoco hemos de olvidar que estos apartamentos crean muy poco empleo, en relación con la oferta tradicional. Cuarto, pues, no genera los beneficios fiscales o laborales de su competencia.

 

Esto, lógicamente, significa que estamos ante un problema muy serio. En Nueva York, Londres o París han reaccionado en defensa de la economía tradicional; en España se ha armado un lío monumental, a la espera de que algún partido pueda llevarse algunos votos de los propietarios de esta oferta (que, por cierto, no son quienes ustedes se imaginan, sino que muchas veces son empresas potentes, incluso colegas de Escarrer).


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