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EDICIÓN ESPAÑA

Vivir de desgracia ajena

El fundador y presidente de Room Mate Hotels, Kike Sarasola, declaró que España vive una especie de espejismo turístico, del que vamos a despertar más bien pronto que tarde. Sarasola intervenía en el foro de la Asociación Catalana de Agencias de Viajes, donde relató que nuestro excelente momento turístico es una especie de préstamo que nos hacen los países árabes, sumidos en una poderosa crisis. El empresario añadió que nuestra planta hotelera no ha sabido adaptarse a los tiempos que nos ha impuesto el cliente y que, por eso, Madrid está pasando por un momento bastante negativo.

 

Sarasola no nos descubre nada que no figure entre las preocupaciones más destacables del empresariado turístico español: la excelente temporada se centra en las zonas vacacionales, que no en las urbanas, y se basa en la desgracia ajena; de no ser por ello, nuestro producto tendría problemas realmente serios para competir.

 

Sin embargo, a mi entender, el empresario se equivoca o deja de lado algunas cosas importantes: la crisis del turismo urbano se basa en la situación económica, contra la cual bien poco puede hacer el hotelero. ¿Qué es lo que pide el cliente en momentos como este? Precio, precio y precio. Por lo tanto, el margen de maniobra para actuar es absolutamente limitado.

 

En cambio, el problema en las zonas turísticas es mucho más complejo y difícil de resolver: nuestra planta de alojamientos está vieja y exige fuertes inversiones para su renovación. ¿Por qué nuestros empresarios no están invirtiendo en ella? Por tres motivos fundamentales:

 

Primero, porque en esta crisis todo el mundo estudia sus decisiones más de una vez, pendientes como estamos de la evolución del euro, de nuestra economía y de la estabilidad del país;

 

Segundo, porque una inversión fuerte en un hotel debe ir necesariamente acompañada de una mejora del entorno público, que es responsabilidad de los ayuntamientos y autonomías, hoy en la ruina; y,

 

Tercero, porque no hay nadie en el mundo que invierta en un hotel que amortiza el esfuerzo en el triple de tiempo que zonas turísticas de más interés como son las del Caribe, o en el doble, como es Canarias. Un empresario puede amar a su tierra, pero cuando se trata de mirar el rendimiento, esto pesa más bien poco.

 

O sea, mejor será que este bienestar ‘prestado’ dure unos años más, porque hoy por hoy nadie parece capaz de acometer una verdadera renovación de la planta hotelero turística.


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Mamador tiene experiencia en vivir de la desgracia ajena.

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