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EDICIÓN ESPAÑA

Una decisión con efectos secundarios

El Gobierno de Baleares ha anunciado que va a permitir que el Consell de Formentera pueda prohibir la entrada de coches a la isla. La cuestión parece inicialmente razonable, dado que en ciertos momentos del año la presión para entrar en el pequeño territorio pitiuso es muy fuerte. La idea, obviamente, es evitar que los turistas puedan seguir colapsando la isla, especialmente con coches que alquilan en la vecina isla de Ibiza y que utilizan después en Formentera.

 

La cuestión, sin embargo, tiene efectos no previstos, lo que en los medicamentos llamaríamos ‘efectos secundarios’. Los ibicencos están muy acostumbrados a coger su coche, subir al ferry y pasar una tarde, un día o incluso más tiempo en la vecina Formentera, al igual que los formenterenses hacen en sentido contrario. Pero esto, si no se regula con cuidado esta decisión, va a quedar prohibido, de forma que estos ‘saltos’ ya no serán posibles.

 

En cualquier otro lugar del mundo, este podría tal vez ser un asunto menor. Pero para cualquiera que conozca la rivalidad entre Formentera e Ibiza, este es un problema mayor. Ya sé que a cualquier residente en la Península esto le sonará a ciencia ficción, pero no es así en los territorios insulares. La rivalidad –por decirlo educadamente– entre Tenerife y Gran Canaria tiene dimensiones increíbles; la que hay entre Formentera e Ibiza es colosal; los menorquines e ibicencos desprecian Mallorca mientras que, aún más extraño, las dos ciudades situadas en los dos extremos de Menorca, Mahón y Ciudadela, sienten una especial aversión entre sí, al punto de vivir generando conflictos absurdos.

 

Que los ibicencos no puedan ir en coche a la pequeña Formentera pero que los formenterenses sí puedan ir a Ibiza va a desencadenar tensiones importantes entre las dos islas. Especialmente porque ¿cómo se desplaza uno por Formentera, si no tiene coche? La isla, aunque extremadamente pequeña, tiene suficiente distancia como para que recorrerla a pie sea imposible, sobre todo en un día de verano. El transporte público es muy deficiente, de forma que se abre aquí un problema de magnitud.


Esperemos que el Gobierno de Baleares haya pensado con cuidado estos efectos, porque se le puede abrir un problema donde no lo había. Al tiempo.

 



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seabird

Rei, no solo los insulares tenemos este problema. Te suena Murcia versus Cartagena o Gijón / Oviedo.

En una cosa estoy de acuerdo. Legislar una solución es difícil sin q haya daños colaterales al menos en las navieras.

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