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EDICIÓN ESPAÑA

Análisis

Las grandes víctimas del horror

Los grandes medios de comunicación europeos abrían sus ediciones con la noticia, cuyos detalles aún se desconocen, de un atentado terrorista contra un autobús de turistas en las inmediaciones de las Pirámides, en El Cairo, Egipto. En fechas muy sensibles, nuevamente un atentado contra el turismo; otra vez en Egipto, otra vez contra occidentales (en este caso, vietnamitas que, para el caso, son igualmente ajenos a la cultura musulmana que defienden los autores de este acto vandálico).

La verdadera víctima de esta atrocidad no son los que iban en el autobús, no es el turismo, no son los viajeros, por mucho que probablemente algunos de ellos hayan sufrido lesiones o, en el peor de los casos, hayan perdido la vida. En las próximas horas conoceremos la verdadera dimensión del atentado.

La verdadera víctima son los millones de egipcios cuyas precarias economías familiares dependen del turismo, de los viajeros, de los visitantes. La enorme mayoría de los ciudadanos humildes de ese país, como los de Túnez o los de Turquía, no sólo no tienen problemas con los visitantes occidentales, sino que están agradecidos porque saben que una parte de su vida depende de tener turismo. Estas son las victimas verdaderas, quienes realmente sufren las consecuencias.

Egipto vive estas tragedias periódicamente. Sufre el desastre, ve cómo los viajeros huyen, sus gobiernos empiezan a poner policías por todos lados, pasa el tiempo, se calma la tensión y, como en un ciclo que se repite hasta la saciedad, otro atentado vuelve a romper el proceso y a empezar nuevamente. Un ciclo interminable, horrible, lleno de sufrimiento y de tristeza.

Este año, los grandes tour operadores europeos habían vuelto a comercializar Egipto y Túnez, porque parecía que volvía la normalidad. Debido a ello, algunos turistas del Mediterráneo Occidental, de España y Portugal, habían regresado a sus vacaciones orientales, también llenas de encanto.

Pero, como hay un conflicto radical de fondo, ha vuelto a suceder lo que recurrentemente viene ocurriendo desde hace varias décadas: la violencia sacude al turismo, rompe la convivencia, destroza la promoción, arruina las vidas de miles y miles de personas.

Este atentado no ha tenido lugar en Turquía, que es la primera potencia turística regional, con bastante diferencia. Pero tiene el poder mediático de hacer un daño tremendo a los sufridos emprendedores de la región que estaban luchando por recuperar el tono. Cualquiera hubiera podido adivinar que el conflicto, latente, profundo, difícil de combatir, iba a volver a emerger. Y aquí está.

 


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Pues precisamente por todo lo que se exponen en el artículo son los propios egipcios quienes deberían tener tolerancia 0 no sólo con las posturas más radicales islamistas sino también con actitudes que afortunadamente están en regresión en Europa como la visión de la mujer el machismo la corrupción o el dejar la religión en un aspecto personal pero fuera del gobierno y la política

Vivimos tiempos de terror y hay que seguir combatiendo a los que predican la muerte inutil en nombre quien sea. Los árabes saben quienes son o casi y tendrían que denunciar o atacar a esos hijos de perra

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