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EDICIÓN ESPAÑA

La impotencia del empresario turístico

Hagamos algo que nadie quiere hacer públicamente porque es algo ridículo: pongamos en paralelo la realidad y el reparto de competencias de los integrantes del Gobierno. Analicen ahora el peso que le damos a la agricultura, a la cultura, a la sanidad y observen que el sector que da trabajo al 11 por ciento de la sociedad, que genera más del diez por ciento de la riqueza del país y que es de los pocos que ha resistido a la crisis, carece siquiera de un ministro a tiempo completo. Incluso más, ni siquiera el ministro encargado se dedica al turismo de forma prioritaria sino que, como hemos visto hasta la saciedad, está mucho más enredado con las cuestiones eléctricas que con el negocio por excelencia de este país.

 

Es bastante ‘paleto’ pedir que haya una correlación exacta entre la importancia de un sector y el tiempo que el Gobierno le dedica, pero cuando las distancias son tan abismales, no está de más pensar en que aquí algo no funciona.

 

Yo tengo para mí que lo que no funciona es la presión del empresariado. Nuestros líderes turísticos no han sabido convencer al poder político de que España se juega mucho en este terreno y que es fundamental tener un Gobierno atento a lo que crea riqueza y prosperidad. De planificar cómo haremos las cosas en los próximos diez años dependen millones de puestos de trabajo; de acertar en cómo organizar el transporte, cómo vamos a formar a nuestros trabajadores o cómo vamos a promocionar nuestros destinos, depende una cuota sustancial del PIB del futuro. Pero no, por la razón que sea, el turismo no ha sido capaz de explicar que es clave atender a quien crea más riqueza, a quien crea más empleo, a quien es el motor del país cuando el resto de la economía se queda atascada. Tener un ministro a tiempo parcial ni es suficiente, ni razonable. Y tener un ministro del que todos los medios dicen que está esperando que le den el relevo es aún menos conveniente. Sorprenderse después es lamentar lo que estaba cantado.


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Hay menos y es más difícil pillar, es asi de simple.

En concejalías , una vez echado el resto por las de infrastructuras, si da ciertas ventajas y si hay más voluntad “política”.

En un país donde vas a una biblioteca y la sección de turismo son solo guías de viajes y hoteles y los libros de gestión de empresas turísticas se ponen en la sección de economía doméstica…, donde los titulados universitarios no están colegiados, donde cualquiera con idiomas entra a trabajar en hoteles sin tener el mínimo conocimiento de una empresa turística ni sus procedimientos y ya no hablemos de calidad en el trato al cliente, donde como camareros trabaja cualquiera, además de las normativas obsoletas de muchas comunidades, la gran competencia desleal que existe debido a los establecimientos ilegales con el beneplácito de las instituciones, etc, etc, Ser empresario turístico en este país es, cuando menos, ser firme candidato al Nobel de la perseverancia!!! y me refiero a todos esos miles de pequeños empresarios que trabajan día a día por sacar adelante sus establecimientos contra viento y marea, porque los grandes son pocos y muy trajeados, ocupados más en presumir que en remangarse y trabajar.

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