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EDICIÓN ESPAÑA

Opinion

El país en el que cayeron tres aerolíneas

Realmente, Argentina no tiene el peor problema de Latinoamérica con el coronavirus. Sus cifras son muy soportables, con una ratio de mortalidad bastante baja. Sin embargo, el precio de mantener controlada la epidemia son 140 días de confinamiento en la ciudad de Buenos Aires, lo que literalmente ha dejado al país agotado. Esta semana que acaba, el presidente ha comparecido para abrir un poco las puertas, precisamente cuando se están batiendo los récords de contagios. Pero es que la gente ya no da más de sí.

Todo esto se refleja en la aviación.

Argentina no tenía un sector aeronáutico potente porque, aunque tiene mercado, sufre el cáncer de Aerolíneas Argentinas y Austral, las líneas aéreas públicas, que arrasan con todos los competidores.

No obstante, había algunos rivales.

En primer lugar, Latam, la aerolínea chileno-brasileña, que tenía mucho que decir. Con el tiempo, se convirtió en la primera compañía en tráfico de pasajeros internacionales, lo que nos da una idea de que no era una empresa menor. Tenía 1.700 trabajadores. Sin embargo, una empresa privada y Argentina, donde los sindicatos, los aeropuertos, las empresas públicas y la cultura peronista lo dominan todo, es incompatible. Así que Latam, al caerle encima el Covid 19,  ha cerrado y se ha marchado. Ha abandonado Argentina.

Segundo, Avianca. La colombiana había comenzado sus operaciones con dos aviones. El modelo de gestión cuando abrió en Argentina era el del inefable Efromovich, que puso dos aviones ATR en el país. Los aviones aún están, pero ya hace meses que la compañía no opera. Su caída es ajena al virus.

Tercero, Norwegian. En otro disparate de Bjorn Kjos, había abierto una filial que, naturalmente, ha terminado por cerrar, dejando a los empleados en manos del rival, la low-cost Jet Smart.

Tres aerolíneas cerradas y dos más contra las cuerdas: Fly Bondi es una low-cost muy bien diseñada, que operaba desde El Palomar, aeropuerto al que un juez, por presiones político-vecinales, ha puesto un horario limitadísimo de operaciones. Su director general se marchó, pero sin embargo la compañía aguanta. De los cinco aviones que tenía, devolvió tres, por lo que el adelgazamiento le servirá para que el retorno sea soportable. 

Y, finalmente, Jet Smart, la hermana de Wizz Air, que está mal como las demás, pero que aguanta porque si supera esta situación, tal vez tenga posibilidades de sobrevivir. Sin embargo, tiene problemas internos porque asumió la plantilla de Norwegian y eso ha sido un foco de conflictos.

Y, finalmente, las dos aerolíneas públicas, inenarrables como siempre, profundamente sindicalizadas, ineficientes, y pendientes de los políticos.

Ese es el panorama hoy en Argentina. Un verdadero horror.

 


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Decir que el director general de Fly Bonfi marchó… Más bien se murio

Se debe referir a Julian Cook, el fundador de Flybondi y primer director, el cual sí, abandonó el puesto y el país.

Quien murió fue su sucesor, Sebastián Pereira.

Una descripción exacta de la industria, lamentablemente!

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