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EDICIÓN ESPAÑA

El camarote de los hermanos Marx

En Europa hay dos escenarios: el normal, cuando no sucede nada extraordinario, y el crítico, cuando un evento llama a las puertas. En la normalidad, que es casi siempre, no es que seamos un ejemplo, pero vamos tirando: se toman decisiones, se acuerda todo en el último momento, algunos países imponen su criterio, otros obedecemos; pero en las crisis, como la generada con la invasión de inmigrantes, la insolvencia griega o ahora, con el Covid, se instala el caos.

En este último caso, Europa acordó algo bastante sensato: coordinar las políticas. Desde marzo del año pasado a hoy, no se ha llegado a otro acuerdo más que el de coordinarse. Pero nada más. En general, las posturas de la Comisión Europea son bastante razonables, pero al fin y al cabo no se aplican porque cada país tira por su lado. El más manoseado de todos los acuerdos ha sido el tratado de Schengen, que no lo ha respetado nadie.

Ahora el foco está en las vacunas. Se elogió que Europa hubiera acordado la sensata idea de que la gestión de las vacunas fuera central, única. De esta manera, todos se llevarían una parte alícuota a la población y no sería un “sálvese quien pueda” –o sea, el más rico. Pero eso ha durado dos telediarios. Hungría –Orban, siempre a su aire–, por su cuenta, ha decidido comprar varios millones de dosis de la vacuna rusa, Sputnik V. La vacuna, para más incoherencia, no ha sido aprobada por la Agencia del Medicamento Europea, con lo que en teoría no se puede suministrar en el continente. Pero es que Alemania, también saltándose lo acordado, ha acudido a Pfizer y ha comprado millones de vacunas fuera del circuito europeo.

Pero el problema es peor porque, de manera inexplicable, a día de hoy Europa no ha aprobado la vacuna de Astra Zéneca, que ya se está inoculando en varios países. La razón de este retraso es que la Agencia del Medicamento no se ha reunido. Ocurre lo mismo que con la vacuna de Pfizer que se aprobó tres semanas después de ser presentada porque las agendas de los integrantes de la dichosa agencia estaba ocupada.

Ayer Europa no tenía vacunas de Pfizer, que está retrasándose, ni de Moderna, que también tiene problemas. De manera que el viejo continente prácticamente no ha vacunado a nadie, pese a que esta es la única solución para el virus.

España, en este contexto, es justo remarcarlo, no lo está haciendo mal: seguimos las instrucciones y, pese a todo, somos de los que más hemos vacunado. Pero nos quedamos a siglos de distancia de países más organizados, más rápidos, fuera de la Unión Europea.

No tengo certezas, pero se apuntaba a que Francia pudiera tener algo que ver con esta crisis, porque esperaba que fuera su vacuna, la de Sanofi, la que se terminara por suministrar. De esto sí tengo certeza: la vacuna francesa, no se sabe por qué, ha fracasado porque no ha tenido éxito o no ha tenido suficiente éxito, de manera que hay que repetir la fase 2 del proceso de acreditación, con lo que habrá un retraso de varios meses.

Las crónicas de la última cumbre europea a mí me recuerdan más al camarote de los hermanos Marx que a un bloque político bien dirigido. Es muy lamentable que Europa sea, por detrás de Estados Unidos y de China, el bloque más retrasado en la vacunación. Incluso por detrás de Brasil, a donde ya aplican la de Astra Zéneca.


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creo que europa no tardará en petar y el euro también

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