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Análisis

Air France KLM: sólo habrá perdedores en esta guerra

Lío monumental en el grupo Air France KLM, a propósito del intento del director general de centralizar la compañía en París y acabar con la autonomía de KLM, como les viene contando Preferente desde el pasado viernes (por cierto, antes que cualquier otro medio de comunicación europeo, excepto De Telegraaf de Amsterdam). Vamos a analizar el asunto por partes.

En primer lugar, es lógico que Ben Smith, el nuevo director general del grupo Air France KLM, quiera todo el poder para sí. ¿Qué clase de consorcio es aquel en el que hay dos estrategias, dos tipos de flotas, dos políticas de personal o de rutas? En Lufthansa, Carsten Spohr hace y deshace; en IAG, Willy Walsh es el que manda. En Lufthansa, como es lógico, la estrategia la fija Frankfurt; en IAG, Londres. Los aviones, las flotas, los mercados, son decididos centralizadamente. Normal.

Siendo este el punto de partida, hay mucho más que añadir. Estos tres grupos no son empresas normales, estas son aerolíneas con mucha historia, detrás de las cuales hay elementos identitarios de los países afectados. Esto en la cuenta de resultados importa un rábano, pero KLM es parte de Holanda; Austrian, de Austria e Iberia es España en muchos países y para muchas personas. Por lo tanto, hay que ir con cuidado a no entrar como caballo en una cacharrería, que es lo que parece que está haciendo Ben Smith, tal vez acostumbrado a una Canadá sin tantos matices.

Hay aquí otros elementos delicados a considerar: Air France lleva años haciendo aguas. No es exactamente que pierda dinero, pero sí que no lo gana. No pierde porque tiene un negocio de mantenimiento de aviones que va bien, pero es lo único. Su trayectoria es errática, sus conflictos interminables, su dirección inestable, etcétera. Mientras, KLM lleva los mismos años ganando dinero, acertando en sus direcciones, apretándose el cinturón cuando toca, salvando los números del grupo. En un contexto así ¿cómo se puede alguien atrever desde Air France a cuestionar a KLM?

Incluso, hay un factor más, desagradable e impresentable: cuando en el verano pasado se largó Jean Marc Janaillac, el anterior director general del grupo, incapaz de poner orden en el caos laboral de Air France, lo lógico era que se contratara para ese puesto al director general de KLM, Pieter Elbers, que era la rama del grupo que iba bien, que había sabido recomponer el negocio, que tenía sentido común y experiencia. Sin embargo, Francia, siempre Francia, se negó: nunca un holandés iba a mandar en una compañía francesa. Al final, como no encontraron a nadie, acudieron a un canadiense. ¿O sea que un holandés de la casa no puede dirigir el grupo pero sí puede hacerlo un canadiense? ¿Y encima ese canadiense va a terminar por echar al holandés?

Como ven, aquí no ha habido ni mano izquierda, ni habilidad, ni tacto. Pura zafiedad. Como si Walsh –que por cierto es irlandés, ex-director general de Aer Lingus– que sí manda en Iberia ¡faltaría más! hubiera puesto a un inglés en Madrid; como si él personalmente se hubiera encargado de explicar cómo va Iberia, ninguneando a Gallego. No sólo no hizo eso inteligentemente, sino que encima ha puesto a Alex Cruz al frente de British Airways que no significa nada para nosotros pero que, al menos, nos indica que no hay un nacionalismo británico arrogante. Incluso aunque lo hubiera, se cuidan las formas.

Ahora el problema franco holandés tiene difícil solución, si es que la tiene: o la víctima es Elbers y toda Holanda se rebela contra Air France –incluido el gobierno, cuyo ministro de Hacienda se ha posicionado en favor de los suyos– o el que queda como el betún es Ben Smith, que tendría que tragar a un subalterno con el que no quiere trabajar y que le cuestiona un asunto fundamental como es la estrategia centralizadora de su proyecto. No hay punto intermedio.

Y ojo que todo esto no acabe con la ruptura del acuerdo de 2004 y la liberación de KLM, que se convertiría en una tentación tanto para IAG como para Lufthansa, desequilibrando aún más la lucha entre los tres grandes grupos de aviación de largo recorrido europeos. Apasionante, desde luego, porque todo está siendo narrado en directo en los medios de comunicación. 


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Marcelo Bresciani Branda ex Cargo Ops Mngr Uruguay

De un total de 20 años en la aviación comercial, trabajé 8 para KLM. Les puedo decir que en 2004 ya sabía que el cáncer (AF) se iba a comer al paciente (KL).
“En KLM hay que hacer las cosas bien de primera, hacerlo mal y volver a hacerlo lleva el doble de tiempo y el tiempo es dinero” me dijeron.
Y así es la mentalidad en un mercado pequeño como el holandés, donde KLM se transformó en un carrier de tránsito a través de Schipol, atrayendo pasajeros de las “grandes” como AF, BA, LH, con un excelente servicio de a bordo, puntualidad y confiabilidad.
El chauvinismo francés y la mala elección de no poner a Elbers a cargo del grupo probablemente culmine con un divorcio. Nadie va a ganar pero seguro que KLM sea la que menos pierda.

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