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EDICIÓN ESPAÑA

Periscopio turístico

Y, ahora, el coronavirus

Por si no fueran pocos los problemas que se ciernen sobre el panorama turístico español, su industria, sus cuentas de resultados y el empleo, viene ahora a extenderse como una pandemia universal el virus del “corona” que parte de China y ha creado una sicosis bajo el arco planetario del mundo mundial.

Esto sí que afecta de plano a los intereses nacionales, empresariales –grandes, medianos y pequeños–, a la extensión del turismo –en cualquiera de sus formas–, a la movilidad internacional y, en definitiva, al crecimiento, progreso y desarrollo del mundo.

La pandemia del “coronavirus” –entre la verdad (nada baladí, por cierto) y la exageración mediática– está golpeando muy duro desde ya a los viajes de un extremo a otro del planeta. Cierto es que parece haber un efecto sobre añadido. Pero en este caso la exageración no conduce a la irrelevancia; más bien todo lo contrario.

La dimensión planetaria del asunto viene a confirmar que ya no hay puertas que se puedan poner al campo y ello debería servir de reflexión a todos aquellos que siguen creyendo en el viejo y superado axioma “small is beautiful” (lo pequeño es bello). Hoy la globalización es total y nada de lo que ocurre en un continente deja de afectar al resto.

Ya hemos definido en multitud de ocasiones que la esencia del turismo es la confianza, la tranquilidad y la seguridad. Nadie en su sano juicio emprende un viaje de cualquier tipo si sabe que para trasladarse de un país a otro es necesario ponerse una mascarilla. Mucho menos en este tipo de asuntos.

Si se leen o escuchan algunos medios de comunicación podría concluirse que el “coronavirus” es una especie de “peste negra” que vaya a diezmar la población mundial. No parece ser el caso, aunque tampoco nadie en su sano juicio debe restar importancia a la infección.

Frente a los mensajes de los gobiernos se alzan las comunicaciones del día a día y, sobre todo, la percepción ciudadana que no entiende de razones mesuradas. Es la sicosis o el pánico o ambas cosas a la vez.

Afortunadamente en España parece que la epidemia está controlada. Por ahora. Pero lo que está ocurriendo en un hotel de Tenerife es letal para los intereses turísticos nacionales. Su repercusión es tremenda. Es lo que faltaba a las Islas Canarias tras varios desastres encadenados que van desde la quiebra del turoperador Thomas Cook, a la calima y ahora esto.

Cada caso que se detecta en España es un mazazo a sus posibilidades turísticas. Las autoridades públicas no están para viajar a costa del contribuyente, comer opíparamente a costa de los mismos y alimentar su ego. Se les paga justamente para que en situaciones como la actual sepan asumir sus responsabilidades y ofrecer siquiera un poco de sentido común carente en otros asuntos.

No se puede, desde luego, despreciar la amenaza que supone este contingente vírico para nuestra industria nacional. Tampoco agrandar un problema global que, en definitiva, descansa ya sobre las espaldas de los científicos. Las cancelaciones de viajes, reservas hoteleras y la sicosis generalizada es lo peor que podía pasar en estos momentos de desaceleración económica a un país cuya suerte depende, en gran parte, de que sigan llegando gentes de todos los confines a visitar, descansar y disfrutar de nuestro país.


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