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EDICIÓN ESPAÑA

Crónica del fin de semana

Las injusticias disimuladas en la operativa turística cubana

Pese a los aplausos en Occidente, el trato que recibe el trabajador turístico en Cuba sería inconcebible en cualquier país europeo
Nadie sabe el paradero de la diferencia entre los ingresos que recibe Cuba y lo que paga a sus trabajadores, que son cantidades paupérrimas

Desde el primer gran hotel extranjero en Cuba, el Meliá Varadero, hasta hoy, los empleados de las empresas turísticas no tienen relación con los extranjeros sino con las empresas cubanas que los seleccionan y hacen trabajar allí, por supuesto, sin la menor posibilidad de tener un convenio, de negociar sus condiciones, y sin armas legales para defender sus derechos. Los trabajadores se rigen por la normativa interna cubana que significa salarios completamente vergonzosos a nivel internacional, por más que los turistas sí paguen precios occidentales.

 

No obstante, los trabajadores enloquecen por trabajar en el turismo porque una propina de un turista puede ser el salario de una semana; porque las posibilidades de hacer contactos y establecer relaciones son muy altas y eso siempre compensa.

 

Sin embargo, el régimen, que es tan ávaro con sus trabajadores, al extremo de que uno siente vergüenza, mantiene con las empresas extranjeras una relación cuidadosa y respetuosa. Es lógico, porque las empresas extranjeras tienen muy pocos problemas en marcharse y dejar plantado al régimen. Sería muy interesante ver a quienes defienden al régimen explicar la diferencia de trato que se dispensa a los trabajadores y a los empresarios extranjeros.

 

¿Por qué Cuba adula a los extranjeros? Porque son quienes pueden traerle turistas. No aportan dinero, porque los hoteles los hacen las propias empresas públicas cubanas, con sus recursos y la asesoría técnica extranjera. Pero sí les venden el alojamiento y lo cobran en el extranjero, en moneda fuerte. Después le pasan a Cuba una parte de esos ingresos, menos los costes de gestión, que son los costes derivados de los pocos expertos que están sobre el terreno diciendo cómo se deben de hacer las cosas para que no se diferencien en exceso de lo que el turista encontraría en otras latitudes. Es la asesoría mejor pagada del mundo, pero a Cuba no le queda más remedio que aceptar.

 

Algunas empresas hoteleras participan en este juego con el razonamiento, perfectamente plausible, de que siempre es mejor esto que mantener el aislamiento del país; otras, con un argumento igualmente defendible, sostienen que si una empresa tiene un hotel, debe ser capaz de gestionarlo y de establecer la relación laboral con los empleados, cosa imposible actualmente en Cuba, por lo que prefieren ignorar las oportunidades que da el país.

 

La diferencia entre lo que las empresas extranjeras trasfieren a Cuba por lo que venden y el dinero que se llevan los trabajadores es impresionante. Aunque no sea más por el hecho de que los ingresos son en moneda fuerte y los trabajadores cobran unas migajas en moneda local, las empresas públicas intermediarias se quedan con ingentes cantidades de recursos de cuyo destino no se sabe nada, pero supuestamente financian al régimen.

 

El turismo, en cambio, sí es muy útil en el gasto menor, porque este sí llega a la población. Desde las propinas a los guías, a lo que se consume en la economía informal, el turismo es una inyección de dinero que beneficia a mucha gente, siempre al margen del salario oficial.

 

En todo caso, lo más chocante es como esta situación, vergonzosa en términos europeos, es alabada con furor por parte de quienes ven en el castrismo un modelo. Tras sesenta años de gobierno, francamente no hay excusa para entender la diferencia de trato que el régimen dispensa a los grandes empresarios y a sus propios trabajadores. Nunca lo habríamos consentido en Europa, aunque algunos sí que lo aplauden en Cuba.

 

Siempre podemos comparar la situación de los trabajadores de Cuba con los de los países cercanos. Y ahí los cubanos no quedan tan mal parados. Cierto que en Cuba tienen pocos derechos legales, pero al fin y al cabo los derechos en otros lugares están sólo sobre el papel porque en la práctica tampoco los pueden ejercer. Y los salarios, por un motivo o por otro, terminan por no diferenciarse tanto.


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No me creo una palabra de este articulo/propaganda.

Buenos días!
Sólo aquellos que hemos vivido una época en Cuba, y reciente, sabemos cómo funciona el sistema retributivo cubano.
Para trabajar en las empresas turística hay que ser “adepto o afecto” al sistema controlado por las Fuerza Armadas Revolucionarias, que es el eje vertebrador de la sociedad cubana.
Un grupo organizado , llamado Estado, que ejerce el control del control. Otorga licencia de taxis en zonas turísticas a exmilitares de la denominadas “misiones”, Angola o la guerra del Ogaden, son los más afortunados, la mayoría pilotos fogueados en combate.
Los trabajadores de limpieza y servicios mecánicos a hijos y familiares de los mismos.
Los sueldos, 100 míseros(el que más) de euros (pero en peso cubano, cubano, no del otro) y así , así todo. Sabemos que los Escarrer o Barceló, Riu y demás… Pagan al Gobierno de cuba más. Pero lo que le llega al trabajador es eso.
Me sorprende que Jordi Évole, no haga un programa de éste tema.
En los mentideros de Miami y Washington, se dice que cuando llegue la transición cubana, posiblemente se pacte no cortar la cabeza a la gente de las FAR, pero sí ajustar cuenta con los españoles.
Sería una moneda de cambio lógica, entre bucaneros, para hacerla ejemplar. Lo mismo que con la Transición Española, se dejó aparcado crímenes de rojos y azules, pero los que habían colaborado se les pasó factura.
Las últimas declaraciones del sr Fluxá, han encendido la mecha.

!Suerte a todos!

Los trabajadores en Cuba seguirán igual de mal, con tirios que con troyanos.
Es la realidad de la América criolla que se dejó seducir por aquel : “América para los americanos”.

Bravo por los periodistas y por la informacion relevante e interesante.

Decir que no hay excusa para entender la diferencia de trato que el régimen dispensa a los grandes empresarios y a sus propios trabajadores en Cuba, es de chiste eso pasa a diario en España y en Europa.Cuanta hipocresía.

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