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Opinión

La inepcia de Marín y la permisividad de los hoteleros andaluces

Las autoridades andaluzas también han acudido tarde al rescate de nuestro Sector, mismamente como sus colegas de las regiones autonómicas cuyas economías se sustentan básicamente de la actividad turística. Todas son un calco a la hora de tomar medidas con dilación, a destiempo.

El consejero de Turismo de Andalucía comunica ahora la puesta en marcha del bono turístico, cuando los hoteles están cerrados, y anuncia ayudas que ya han sido implementadas en otros destinos, como el de la cobertura gratis de un seguro a los turistas.

En cualquier parte del mundo van por delante de nosotros, entre otras razones porque sus países no están troceados como el nuestro. Y, además, los gobiernos van de la mano de los empresarios, algo insólito en las taifas hispánicas.

La demora del dirigente Juan Marín en adoptar medidas pone al descubierto las carencias de los políticos que nos gobiernan. La ineptitud es común en mayor o menor grado en Baleares, Canarias y Cataluña. La pandemia los está retratando.

No es por falta de voluntad, que seguro que la tienen, es que el nivel de todos ellos, sus capacidades, son muy limitadas. En eso Marín se parece a Negueruela (Baleares) y a sus homónimos canario, catalán y valenciano.

Entre la inepcia y la prepotencia consustancial al cargo, el vicepresidente andaluz y máximo responsable de turismo ha contribuido al deterioro de la industria. Además, está enfrascado en luchas internas de su partido (Cs), y ello le resta tiempo y concentración.

La Asociación Hotelera de la Costa del Sol, que es como decir la patronal que reparte el bacalao en el mundo empresarial turístico de Andalucía, le acaba de cantar las cuarenta a Marín por la demora en la toma de decisiones, harta de soportar la inacción.

Luis Callejón, presidente de Aehcos, le ha contestado diciéndole que todas las medidas adoptadas ahora ya llegan tarde al estar los hoteles cerrados. Un hotelero de la vecina costa granadina, Megías, ya había dicho en agosto que lo del bono era un sinsentido a estas alturas. 

Los hoteleros andaluces, y el resto de los empresarios turísticos, han sido muy permisivos con Marín. Todos priorizaron las ayudas de la Junta para salvar a sus empresas, como es lógico, pero no fueron categóricos a la hora de demandar planes para sortear la crisis.

Marín no tenía idea alguna del sector turístico cuando pidió la vicepresidencia y la consejeriía de Turismo, ni muchos menos equipo, a cambio del apoyo a Moreno Bonilla. Dos años después sigue igual y pensando en su futuro particular, como tantos otros de su profesión . Y así le va al turismo andaluz y al español.

Los hoteleros del Sur están atados de pies y manos, como los españoles en general, pero deberían hacerse oír aún más, ser más combativos: por ellos mismos y por la actividad que lideran y tanto significa para los hogares andaluces.

 


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