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EDICIÓN ESPAÑA

LA CRÓNICA DEL FIN DE SEMANA

La Consejería balear de Turismo sobrevive sin competencia alguna

El Gobierno ha trasferido la promoción a los consejos insulares de Mallorca, Menorca, Ibiza y Formentera, pese a lo cual mantiene toda la estructura
El modelo que ha dejado a Matilde Asían sin función alguna, se repite en Baleares, por lo que ya no volverá a haber promoción turística del archipiélago como tal

El pasado 20 de octubre el Gobierno de Baleares acordó ceder la competencia para la promoción turística a los consejos insulares de Mallorca, Menorca, Ibiza y de Formentera, aunque en el caso de Ibiza hay algún detalle pendiente. El consejero responsable del área y vicepresidente del Gobierno, presentó la decisión diciendo que es un compromiso del Estatuto de Autonomía y que hacía tiempo que se tenía que haber producido.

 

Esta era la última competencia real que le quedaba a la consejería autonómica de Turismo, después de que las funciones de ordenación también hubieran sido traspasadas a los mismos consejos insulares. O sea, literalmente el Gobierno de Baleares se queda sin competencia alguna en Turismo, lo cual, por supuesto, no impide que se mantenga la consejería. Incluso más, la antigua Agencia de Turismo, que se encargaba de la promoción, y que ahora se queda sin competencias, seguirá existiendo, como Agencia para la Estrategia Turística. Esta agencia, dice el Gobierno regional, se encargará del reparto del dinero del impuesto a las estancias turísticas, que este año recaudó 50 millones de euros, y que supone una o dos reuniones anuales.

 Balears

De esta forma, Baleares termina de concretar el modelo de gestión del turismo que tiene ya el conjunto de España y que en las islas se lleva hasta sus últimas consecuencias. Si en España hoy todas las competencias están en manos de las autonomías, de forma que tenemos diecisiete políticas turísticas, en Baleares tendremos cuatro políticas diferentes, con cuatro organismos promocionales diferentes.

 

Igualmente, la ausencia de competencias no impide que Madrid siga teniendo su secretaría de Estado –en la oscuridad durante todo el mandato–, y ahora también Baleares contará con su consejería y su agencia de promoción, aunque no dispongan de función alguna. Ya lo verán: asistirán a reuniones, harán declaraciones, pero no podrán ejecutar nada. Más o menos lo que ocurre hoy, pero en el futuro jurídicamente también estarán bloqueados.

 

Es evidente que esta descentralización hasta el último rincón es suicida, desde el momento en que Menorca, por poner un ejemplo, tendrá una dotación total de poco más del millón de euros para la promoción que, descontados los gastos en funcionarios y oficinas, supondrán una cantidad mínima para la realización real de campañas; en Ibiza pasará otro tanto, y ya me dirán qué podrá hacer Formentera en el mundo, con su dimensión. Lógicamente, España como país, con la presencia de sus regiones en el interior, podría estar presente en infinidad de eventos alrededor del mundo. Esto se reduce notablemente cuando esta competencia pasa a las autonomías y se liquida cuando estas traspasan las mismas a organismos de menor rango.

 

En el caso balear, el asunto tiene más complejidad porque Menorca e Ibiza se han llevado la parte del león del escaso dinero disponible, mientras que Mallorca se ha quedado prácticamente sin recursos. No se pierdan el espectáculo: el Gobierno regional lo integran los socialistas y Més, un partido nacionalista, que ostenta Turismo; el consejo de Mallorca, que recibe las competencias, también lo integran los dos partidos. Pues bien, los socialistas de esta segunda institución afirman poco menos que han sido engañados y que presentarán un recurso contra la cesión de competencias. Recuerdan bien: es un recurso contra ellos mismos, porque los dos gobiernan las dos instituciones. La cuestión tiene su aquello. La competencia tiene una parte fija y una variable. La fija es igual para todos los consejos, como si promocionar Formentera exigiera una dotación y equipamientos iguales que los de Mallorca. Después hay una parte variable, que en el caso de Mallorca es superior, lógicamente.

 

La imagen de un stand en las ferias turísticas que luzca la palabra Baleares tiene, pues, muy poca vida por delante. Incluso, probablemente, la propia promoción turística tendrá también poca vida.

 


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