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EDICIÓN ESPAÑA

TRIBUNA

Año de récord a pesar de Soria y de las autoridades turísticas

Tras los titubeos de mayo y junio, al final la temporada está siendo si no tan buena como se había dejado entrever en la ITB sí superior a la del año pasado, sobre todo en número, al punto de que está batiendo récord de entradas de visitantes extranjeros, y más vale siempre que sobre que no que falte. Un año que va ser histórico básicamente porque los destinos españoles están más que asentados, con productos en su conjunto de una más que aceptable calidad, y para nada por la estrategia del ministerio, de su apéndice Turespaña y de las autoridades turísticas regionales, casi todos con escaso presupuesto.

 

Es decir, que los turistas vienen porque les gusta el clima de Canarias, las bellezas de Mallorca, el bullicio de Ibiza, la oferta cultural de las grandes ciudades, la alegría de sus gentes, una planta hotelera cada vez más digna, etc, factores todos ellos ya consolidados y que no precisan de la intervención política.

 

Que en año de crisis económica europea se batan récords de visitantes significa que el destino España en su conjunto cuenta con una más que buena aceptación en nuestro mercados emisores y que, sobre todo, es un destino refugio cuando surgen conflictos en las zonas competidoras, como es el caso.

 

El hecho de contar en los últimos años con turistas prestados ya es sintomático, por cuanto refleja que España es el lugar ideal para cobijar a los vacacionistas que tienen dudas con destinos competidores de nuestro país, bien por problemas internos, bien por inseguridad de todo tipo o por las más variadas razones.

 

Uno de los grandes empresarios turísticos de nuestro país, pionero en todos los campos, en el de los viajes y los hoteles, historia viva del Sector, Gabriel Barceló, decía el pasado fin de semana en Expansión que tenemos un ministro que lo es de todo menos de Turismo, opinión con la que muchos están de acuerdo.

 

José Manuel Soria, como antes Miguel Sebastián, como antes Rato y como antes otros ministros, han pasado  de puntillas por el sector turístico y, a pesar de ello, nuestra industria ha seguido funcionando, aun cuando, como decía el citado gran empresario “el turismo, motor del país, sigue siendo la cenicienta” .

 

Si Soria y predecesores han pasado sin pena ni gloria, otros cargos turísticos de Gobiernos e instituciones regionales han hecho lo mismo, con excepciones sin duda pero que no confirman la regla, y entre estos algunos no han hecho más porque no han contado con presupuesto o no les han dejado hacer.

 

El consejero de Baleares, por ejemplo, es un buen profesional, conocedor de la industria, gran trabajador, pero no tiene un euro para promoción y los proyectos estrellas de su tierra, la Playa de Palma y el Palacio de Congresos, están paralizados, y así y todo su archipiélago ha batido récord de turistas. En Canarias, el responsable de Turismo, otro gran profesional, un cargo que proviene del sector y que también le echa a diario muchos horas al tajo, cuenta con más presupuesto, pero muy escaso en relación a los de sus antecesores, e igualmente las Islas han tenido unos registros nunca vistos en su historia.

 

El desconcierto de los políticos con el turismo lo puso de manifiesto, como no podía ser de otra forma, el expresidente Zapatero, quien preparó en Mallorca un consejo de ministros monográfico sobre la industria y meses después le bajaba el rango a la secretaría de Estado de Turismo dejándola en secretaría general.

  

Los que han tirado del carro, los que se han batido el cobre, con sus pros y sus contras, con sus aciertos y sus excesos, han sido los empresarios, grandes y pequeños, y no solo los hoteleros, los agentes y los de las aerolíneas, pero sin duda muchos de la oferta complementaria han destacado a rebufo de éstos.

 

La Cehat que ahora celebra su congreso en Tenerife también ha hecho mucho por el sector turístico, con un presidente y un equipo que ha sabido llevar con su ‘seny’ y habilidad la reivindicación de un IVA turístico digno y otros asuntos enfangados en la burocracia del Estado y de las Comunidades.

  

Esas excepciones a las que antes nos referíamos, como puedan ser algunos patronatos, algunos consorcios y algunas concejalías, son pocas en relación a los ingentes cargos turísticos que han desfilado por las instituciones por el mero y simple hecho de ser miembros de determinados partidos y nada más que por ello.


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