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EDICIÓN ESPAÑA

Periscopio turístico

Boris, el enemigo del turismo español

En su libro de “Memorias”, el ex premier británico Tony Blair admite sin tapujos la decadencia del Reino Unido de la Gran Bretaña. Esta percepción del jefe de gobierno británico más popular en su país desde Winston Churchill no recoge el “Brexit” cuyo apunte fundamental se debe a un inquilino conservador de Downing Street.

Esa salida de UK de la Unión Europea que ni siquiera Margaret Tatcher se atrevió a activar vendría a dar todavía más razón a una nación (ya desunida) en decadencia, insisto, en opinión de alguien nada sospechoso como Blair. La elección de Boris Johnson como primer ministro no sólo es una mala noticia para los “súbditos” de su Graciosa Majestad, sino para la Europa unida, Escocia y España. Un personaje tan variopinto con don Boris –gran conspirador y creador de conflictos internos y externos-sólo puede hacer gracia a los que gustan de dirigentes convertidos en “clowns”.

Decidido a estirar la cuerda hasta el paroxismo en su pulso con la Unión Europea, el rubicundo ex alcalde de Londres debe ignorar la cantidad de ciudadanos británicos que viven en España y los millones de turistas que visitan cada año nuestro país. Por no leer no debe enterarse de lo que día sí y día también publican los tabloides de su país con los “aconteceres” sempiternos en las costas españoles, desde Magaluf a Benidorm o La Manga del Mar Menor. Esa política brutal y talibana del nuevo premier va a representar un durísimo varapalo para los intereses turísticos españoles e incluso para el sector inmobiliario. Alguien me dirá que, al menos, tendremos unos cuantos “hooligans” menos pero eso es un argumento de escasa naturaleza, creo.

Si medio mundo –salvo Trump, el gran padre político de Johnson y exactamente lo mismo de populista-está preocupado por la nueva realidad europea y mundial que representará la marcha del Reino Unido de la UE, qué decir de lo que avecinan los principales agentes turísticos españoles y sus principales observadores. Habrá un impacto muy serio y va contra el propio devenir de la historia. Soy de los convencidos de que pasados algunos años –incluso antes, cuando se vean las mentiras de los anti europeos ingleses- el que creíamos sabio pueblo británico se revolverá con la medida y otra consulta (ya la pide Corbyn el jefe de la oposición laborista) hará que UK vuelva al redil de donde nunca debiera haber salido.

Pero mientras tanto habrá “sangre, sudor y pobreza” para un sector español que siempre tuvo en los ingleses uno de sus principales proveedores. Dice Johnson que, incluso, con una salida a las “bravas”, sin pagar lo que estipulan los acuerdos y los protocolos, habrá “libre comercio” y acuerdos con la UE. Creo que se equivoca. La Unión ha resistido el envite y a partir de ahora quien tiene que ponerse de rodillas es el gobierno de Londres.

Si el señor Johnson, junto con Farage, han logrado convencer a sus ciudadanos (por estrecho margen pero esa es la democracia) de las bondades de sus prófugos de la Unión, veremos si les convencen también para que no visiten España donde no lo van a tener tan fácil como hasta ahora. Estoy seguro que seguirán llegando. Pese a don Boris, el estrafalario.  

 


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y usted debe ignorar el resultado del referendum de Junio de 2016…..

Excelente articulo del Sr Graciano Palomo. Spot on.

Los gobernantes, Boris Johnson incluido, no son si no el reflejo del devenir de la nacion que representan. Y el caso de UK es clarisimo: Un pais en caida libre hacia el abismo cultural, social y civil. Y probablemente ahora, Tambien economico. Lejos quedan los tiempos en que UK representaba una luminaria de sapiencia y libertad para el vagon del Sur de Europa. Hoy dia, quien en su sano juicio quiere vivir ahora en Inglaterra?
Quien puede tomar a los ingleses en serio?

El problema esta en que por nuestra mala cabeza, y por la nula planificacion endemica, en Espana temenos una inmensa exposicion al mercado britanico. Tanto el sector turistico, como el inmobiliario, y los colaterales de ambos, van a resentirse profundamente, y en muy corto plazo.

Pero a la larga tal vez todo sea para bien. Tal vez esto obligue a nuestros empresarios de estos sectores a buscar mercados mejores en lugar de hacer solo lo facil. Puede que sea duro al principio, pero tal vez el britanico, el mas problematico y cutre de los mercados emisores del mundo, llegue a la irrelevancia que deberia corresponderle.

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