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Opinion

Air France y la imagen de la aviación

Ben Smith, el no ya tan nuevo director general de Air France, no gana para disgustos. Todavía no hace un año que está al frente del grupo de aviación franco holandés, todavía no ha tenido tiempo de enterarse de toda la dinámica que tiene delante, cuando le estalla un asunto que nadie esperaba y que tiene el poder de la dinamita para su proyecto. Me refiero al movimiento “Vergüenza de volar”.

Este es un movimiento no demasiado organizado, nacido en Suecia, que se presenta a sí mismo como contrario a la aviación, por razones ambientales. En Gran Bretaña ha paralizado algunas ciudades, aunque el objetivo en ese país no es demasiado claro y eso les hace menos efectivos.

En Francia, en cambio, las cosas son más inequívocas: coordinadamente con diputados y senadores ambientalistas, de acuerdo con los ‘gillets jaunes’ que desde hace seis meses vienen manifestándose todos los sábados por todo el país, pretenden la prohibición de la mayor parte de los vuelos interiores del país en los que hay competencia del tren de alta velocidad. O sea, la enorme mayoría. La oleada ambientalista aún no ha llegado a su cúspide y ya asusta.

La cuestión se complica más aún para Air France porque la compañía de bandera y su filial Hop! se han quedado con las líneas de provincias a la capital, mientras que sus rivales, fundamentalmente la low-cost Easyjet, se ha quedado con los vuelos que no tocan París.

Así, en las rutas de Easyjet prácticamente no hay tren de alta velocidad mientras que la casi totalidad de los vuelos de Air France se verían prohibidos según lo que quiere este movimiento. La lista es interminable. Se salva Marsella, Biarritz y Perpignan, a duras penas.

Creo que no hay ninguna posibilidad de que se legisle esta prohibición como pide este movimiento pero, sin embargo, una campaña de este tipo, que tiene grandes apoyos sociales implícitos, puede ser demoledora como publicidad negativa, abortando los esfuerzos de la aviación francesa para mejorar su imagen ambiental. En Suecia, por ejemplo, no ha habido prohibiciones, pero este movimiento ha conseguir que la demanda interior caiga un seis por ciento, muchísimo si tenemos en cuenta que sólo es una acción de imagen.

Las declaraciones de muchos directivos del sector en Francia son bastante angustiosas, intentando defenderse de algo con lo que no contaban pero que es muy dañino para la imagen general del sector. Al tiempo, pero este es un conflicto que va a durar y no es de un día.


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Parafraseando a cierto humorista : “Viajar por viajar, no. Pro si hay que viajar, se viaja” Este movimiento social está aquí para quedarse. Se requiere – ya y no para el futuro – una argumentación social sólida sobre la movilidad, aérea incluida, sostenible.

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