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EDICIÓN ESPAÑA

Munich: dos agencias de viajes se transforman en pescaderías

El coronavirus está golpeando duramente a las agencias de viajes. Pero no todas se dejan vencer. Una, de Baviera, se dedica ahora a vender pescado ahumado de unos lagos cercanos. Hans Götschl –en la foto– decidió vender otra cosa si no hay viajes. O sea que ahora en sus oficinas, habitualmente llenas de carteles de Tui, vende salmón Stremel. Empezó con la agencia que está en Munich Harlaching, pero también hace lo mismo con otra oficina mucho menor, en un pueblo cercano. En enero abrirán otra agencia, pero que en realidad se especializará en pescado y vino alemán. 

Al principio, todo parecía una broma. Pero ahora lleva semanas vendiendo pescado y las cosas van bien. Götschl y su socio, Helmut Lang, van los jueves por la noche a la tienda de los pescadores en el lago Tegernsee y hacen el pedido. Están dos horas seleccionando lo mejor para sus clientes. Lo cual es acompañado por buen vino, que también está a la venta en su establecimiento. Todo menos morir.

Los propietarios han incorporado algunas neveras portátiles para transportar el pescado. En las agencias de viajes hay neveras profesionales. Los viernes hay pescado fresco. 

Lang es el experto en vinos. Es el que se encarga de este rubro de la oferta, pues es bastante entendido.

La cuestión es que la caja registradora de la agencia de viajes está ahora llena de dinero, cosa que no veían desde antes de marzo de este año. No solo los clientes habituales compran pescado, sino que se ha corrido la voz y se han captado clientes que no venían por la tienda.

“Vendemos más de 200 pescados cada semana; la ganancia incluso cubre nuestro alquiler”, dice Lang. En noviembre, vendieron 500 botellas de vino, sólo alemán. 

La idea se les ocurrió por accidente. La primavera pasada hablaron sobre sus dificultades económicas a un amigo pescador del lago Tegernsee, ubicado al sur de Munich. “Si no puedes vender viajes, solo tienes que vender mi pescado”, recuerda Helmut que le dijo su amigo. Unos días después, los socios partieron a explorar qué podían hacer; compraron algo de pescado y lo vendieron tanto en una oficina que tienen en Gröbenzell, un pueblo de menos de 4.000 habitantes, y en Munich, la tercera ciudad más grande de Alemania. 

Los promotores han tenido que hacer un cierto papeleo para reconvertir su negocio. Pero ya lo tienen. “No se puede encontrar pescado así en las tiendas”, asegura un cliente, que también dice que comprando allí “apoya a la agencia de viajes”. “Si todo va bien, abriremos un nuevo establecimiento el 1 de enero”, anuncia con orgullo el agente de viajes convertido en pescatero. El objetivo: seguir vendiendo pescado y vino ofreciendo viajes gastronómicos al final de la pandemia. 


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Que raro que no sean fruterías…

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