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La trastienda de la batalla Ryanair-Ucrania

Portazo de Ryanair a Ucrania. Bueno, eso parecía en un primer momento. Sin embargo, como ya ha ocurrido tantas veces, lo que hizo Ryanair fue mandar un aviso: “nos vamos si no os dejáis de tomarnos el pelo”. Y después volvió a sentarse en la mesa a negociar. Ryanair sabe que lo último que puede permitirse Ucrania en su supuesto tránsito hacia la modernidad europea, es que Ryanair se marche.

 

El comunicado de Ryanair del martes pasado, en el que anunciaba que dejaba el país, acusando al aeropuerto de Boryspil, en Kiev, de supuestos incumplimientos de compromisos, en realidad quería decir “dejad de complicarnos la vida con vuestras corruptelas, que nos largamos”. Porque el aeropuerto, público por supuesto, había cambiado lo firmado, como si no fueran capaces de leerlo.

 

El miércoles, el primer ministro, Volodymyr Groysman, pidió a la compañía irlandesa que reconsiderara su decisión, que Ucrania va a cumplir con sus compromisos. Lógicamente, el primer ministro hizo esta declaración sabiendo que era prácticamente seguro que Ryanair reconsideraría su postura. Y, en efecto, poco después los periodistas comprobaron que la ruptura del martes era en realidad una amenaza de ruptura, que ya este viernes se tradujo en nuevas negociaciones.

 

¿Qué hizo el primer ministro para reconducir la situación? Esto es lo interesante: mandar a los cuerpos anticorrupción y antimonopolios al aeropuerto porque, de todo esto se deduce que las trabas a Ryanair no eran inocentes sino que tenían trasfondo. Lógicamente, no sabemos los detalles, pero la versión que hasta en el entorno del gobierno circula es que el propietario de Ucranian International Airways, la compañía que domina el mercado, podría tener alguna relación con el desinterés del aeropuerto por desbloquear la entrada de Ryanair.

 

Ahora se entiende mejor el comunicado de Ryanair del martes, cuando decía que Ucrania aún no tiene la madurez suficiente para cumplir con sus compromisos. En realidad deberíamos haber leído que aún hay tanta corrupción en el país que competir sin trabas en casi imposible. ¿Entendemos ahora por qué Easyjet entró en Moscú y, discretamente, a los pocos meses se marchó por donde vino? Hacer negocios en medio de la corrupción exige unas habilidades diferentes a las que se manejan en el extranjero y eso es algo muy difícil de cambiar.



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